Con IA cualquiera puede construir software. Pero nadie habla de lo que viene después.
Adrián Ardiles
· 2 min de lectura
La narrativa es atractiva: con inteligencia artificial, cualquier persona puede ser un ingeniero de producto.
Es cierta. Pero está incompleta.
Tengo software en producción. Frontend en Vercel, base de datos en Neon, APIs corriendo en Render. Conozco cada etapa del ciclo de vida: el primer deploy, la primera migración que falla en prod, el primer usuario real que hace algo que no habías previsto.
Construir el software, con IA o sin ella, es la parte que más se romantiza. Y paradójicamente es la que hoy tiene menos fricción.
Lo que nadie menciona es todo lo que viene después de que el código funciona.
Lo que viene después
Infraestructura con costo antes de tener un solo usuario. Autenticación, seguridad, aislamiento de datos. Cumplimiento legal si el producto toca información sensible. Onboarding para que alguien que no sos vos pueda usarlo sin ayuda. Soporte cuando algo falla a las 2 a. m. Una forma de cobrar. Una forma de que te encuentren.
Y tiempo, que es el recurso más escaso cuando construís, iterás, testeás y buscás clientes al mismo tiempo.
La IA comprimió meses de desarrollo en semanas. Eso es real y transformador.
Pero no resuelve distribución. No genera confianza en un producto que todavía no tiene historia. No reemplaza el respaldo de un equipo o el oxígeno de financiamiento para escalar.
El código es la parte más controlable
Lo que aprendí construyendo software de principio a fin es que el código es la parte más controlable.
Todo lo que viene después requiere un tipo diferente de criterio: uno que no se aprende leyendo documentación sino desplegando, fallando y ajustando en producción real.
¿Puede cualquiera ser ingeniero de producto con IA hoy? Sí.
¿Es tan simple como parece desde afuera? No. Pero tampoco es imposible.
La diferencia está en entender que construir es solo el primer capítulo.
¿En qué parte del camino estás vos?